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Ciclo de Carnaval: de
Reyes a la Cuaresma soldados guerreros de la cristiandad por salvar a la Iglesia murieron en una batalla de sangre final ¡Oh, qué crueldad! Los ataron a un fuerte madero y allí murieron los dos a la par Tanto la melodía como la métrica de estas Coplillas de San Fabián y San Sebastián nos recuerdan a las de algunas versiones de las Auroras que se cantaban en tantos y tantos pueblos españoles. Después de la guerra se hacía baile con guitarras en algún patio que fuera grande, por ejemplo el de casa Zaragozano. Al día siguiente se hacía una misa con predicador y todo (Evangelina). Se celebraba la fiesta de San Antón (17 de enero) con una misa precedida del paseo de las caballerías dando una vuelta alrededor de la iglesia, bien enjaezadas con sus buenos aparejos y campanillas. Según otros testimonios la vuelta se daba la víspera por la noche. En la misa se bendecía ordio (cebada) para las caballerías y luego se bendecían también todos los animales que quisiesen llevar los vecinos hasta la puerta de la iglesia. El día de San Blas (3 de febrero), protector de la garganta, en cambio, se bendecía en la misa pan o alimentos diversos para las personas. Después de rezar un padrenuestro se comían los alimentos bendecidos para que el santo librara la garganta de enfermedades. Para Santa Agueda (5 de febrero) las mujeres bandiaban (volteaban) las dos campanas que entonces había en la iglesia. Por cierto que se llamaban María y Bárbara, respectivamente. La primera, María, desapareció durante la última guerra civil, la otra lamentablemente fue destruida para fabricar las pequeñas campanas mecanizadas que tenemos actualmente. Mi abuela Carolina (Carolina Giménez López, Albero Bajo 1899-1981) se encargó durante muchos años de repartir pan bendito (bollos) a la salida de misa del día de Santa Águeda; lo hacía como promesa, para agradecerle a la santa la curación de un mal que tuvo en los pechos. A esta labor se sumó luego siña Eulogia (Eulogia Mendoza Lairla, Albero Bajo, 1903- 1988), que había hecho la misma promesa. Siña Eulogia y siña Victoria de Miguel (Victoria Rivera Palacio, Pertusa, 1914) se comprometieron a ser mairalesas de la santa e hicieron una colecta con la que se compró la imagen que ahora tenemos en la iglesia.
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