Ciclo de Carnaval: de Reyes a la Cuaresma

Comenzaba este ciclo festivo con la fiesta de San Fabián y San Sebastián (20 de enero). Según parece existía antiguamente en Albero una cofradía de estos santos.

La noche de la víspera se encendían hogueras. Si hoy en día se enciende una, antiguamente se prendían varias: en la puerta de casa Rivera, en la de casa Jacinto, en la de Gastón, en la de Botaya, en la de Roque y alguna vez incluso en la puerta de casa Carretero (Rivarés). La leña la aportaban los propios vecinos y, una vez encendida, se asaban patatas.

En la propia hoguera, se cantaban las Coplillas, de las que conocemos algún pequeño fragmento. Más o menos decían así:

San Fabián y San Sebastián fueron
soldados guerreros de la cristiandad
por salvar a la Iglesia murieron
en una batalla de sangre final
¡Oh, qué crueldad!
Los ataron a un fuerte madero
y allí murieron los dos a la par

Evangelina recuerda oírlas cantar a siño Mariano el Río, Guillermo y Regino.

Tanto la melodía como la métrica de estas Coplillas de San Fabián y San Sebastián nos recuerdan a las de algunas versiones de las Auroras que se cantaban en tantos y tantos pueblos españoles.

Después de la guerra se hacía baile con guitarras en algún patio que fuera grande, por ejemplo el de casa Zaragozano. Al día siguiente se hacía una misa con predicador y todo (Evangelina).

Se celebraba la fiesta de San Antón (17 de enero) con una misa precedida del paseo de las caballerías dando una vuelta alrededor de la iglesia, bien enjaezadas con sus buenos aparejos y campanillas. Según otros testimonios la vuelta se daba la víspera por la noche. En la misa se bendecía ordio (cebada) para las caballerías y luego se bendecían también todos los animales que quisiesen llevar los vecinos hasta la puerta de la iglesia.

El día de San Blas (3 de febrero), protector de la garganta, en cambio, se bendecía en la misa pan o alimentos diversos para las personas. Después de rezar un padrenuestro se comían los alimentos bendecidos para que el santo librara la garganta de enfermedades.

Para Santa Agueda (5 de febrero) las mujeres bandiaban (volteaban) las dos campanas que entonces había en la iglesia. Por cierto que se llamaban María y Bárbara, respectivamente. La primera, María, desapareció durante la última guerra civil, la otra lamentablemente fue destruida para fabricar las pequeñas campanas mecanizadas que tenemos actualmente.

Mi abuela Carolina (Carolina Giménez López, Albero Bajo 1899-1981) se encargó durante muchos años de repartir pan bendito (bollos) a la salida de misa del día de Santa Águeda; lo hacía como promesa, para agradecerle a la santa la curación de un mal que tuvo en los pechos. A esta labor se sumó luego siña Eulogia (Eulogia Mendoza Lairla, Albero Bajo, 1903- 1988), que había hecho la misma promesa. Siña Eulogia y siña Victoria de Miguel (Victoria Rivera Palacio, Pertusa, 1914) se comprometieron a ser mairalesas de la santa e hicieron una colecta con la que se compró la imagen que ahora tenemos en la iglesia.

Continuando con el día de Santa Agueda, las mujeres preparaban chocolate y hacían un baile en el que eran ellas las que invitaban a bailar a los hombres.

La inversión de papeles, en este caso femenino-masculino, es propia de estas festividades relacionadas con el Carnaval. Según Evangelina antiguamente las mujeres hacían una fiesta en la que cada matrimonio aportaba una gallina para hacer un guiso y comerlo entre todos y hacían una fiesta con cosas caseras... con fruta de sartén, la gallinica y luego fruta de sartén. Recibe el nombre de fruta de sartén los dulces que se elaboran friéndolos: rosquillas, buñuelos...

Precisamente para Carnaval se vivían en Albero unos días de diversión, especialmente el domingo. La gente se disfrazaba, sobre todo los hombres de mujer y las mujeres de hombre (nuevamente la inversión de papeles), se mascaraban, cosa que consistían en ocultar la cara con una careta de cartón o, como método más antiguo, con hollín. Las cuadrillas que se disfrazaban iban rondando por las casas unos te echaban chorizos, otros hacían postres, otros te echaban tortas... (Evangelina). Se organizaban meriendas a base de huevos y chorizo y el domingo de Carnaval baile, cosa que, por otra parte, se hacía casi todos los domingos del año. Los críos se fabricaban unas cheringas (jeringas) de caña con las que procuraban remojar bien de agua a las chicas.

Cheringa de carnaval

Cheringa de Carnaval