Cuaresma y Semana Santa

Todo esto finalizaba el Miércoles de Ceniza con la entrada de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días se sucedían las novenas dedicadas a distintos santos. Después del rezo de la parte de la novena correspondiente a cada día se cantaban los Gozos al santo correspondiente.

Los Gozos son un canto cuya letra glosa la vida y milagros del santo o divinidad en general al que están dedicados. Nada hemos podido saber hasta ahora de los textos ni melodía de los que se cantaban en Albero.

La primera de las novenas era la dedicada a las Almas del Purgatorio, luego a San Ramón Nonato, a San Fabián y San Sebastián, al Santo Cristo y finalizaba el ciclo con el Septenario a la Virgen de los Dolores, que concluía en Viernes de Dolor, el anterior al Domingo de Ramos.

Como durante la Cuaresma estaba prohibido el habitual baile dominical (el cura no dejaba hacer baile), éste se sustituía por el llamado juego de la Olleta, que nos explicó siña Julia. Los participantes, hombres y mujeres, chicos y grandes, se disponen en corro y se arrojan de unos a otros una olleta de barro, gana el juego aquel al que menos veces se le rompa la olla o , mejor dicho, las ollas, en el transcurso del juego. En realidad servía para este fin cualquier tipo de puchero, de hecho en las casas se reservaban para el juego las ollas o pucheros viejos, rajados, que no servían en su habitual menester. A la Olleta se jugaba, como decimos, los domingos de Cuaresma, después del rosario.

El Domingo de Ramos todo el mundo acudía a la iglesia con su ramico de olivo para que el cura lo bendijese. Estos ramos se ponían en las fachadas de las casas, sujetos en alguna ventana o balcón, para protegerla de todo mal. Algunos llevaban a los campos unas hojicas de estas ramas y las arrojaban a la tierra para proteger también la futura cosecha.

Este día era obligatorio estrenar alguna prenda de vestir, porque

El que no estrena el Domingo de Ramos
no tiene manos

Aunque na más fuera un par de calcetines hechos por tu madre, de lana de oveja, hilada, torcida y trabajao por ella misma, eso estrenábamos muchas ...(Evangelina).

El Jueves Santo era un fecha muy importante. Como dice la conocida estrofilla (también en Albero):

Tres jueves hay en el año
que relumbran más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión


La gente acudía a los oficios con sus mejores galas. Las mairalesas habían sido las encargadas de instalar el Monumento donde el sacerdote depositaría el Santísimo Sacramento y eran también las principales responsables de velarlo.

Para la decoración del Monumento se sembraban unas macetas con lentejas, judías u otras legumbres que se dejaban crecer en las bodegas. La falta de luz hacía que crecieran las hojas blancas y largas, muy decorativas: recibían el nombre de gardinchos.

Cada familia llevaba una vela para alumbrar al Santísimo. Luego, al retirarlas tras finalizar el oficio de Viernes Santo, se guardaban los cabos en casa para encenderlos cuando hubiese tormenta protegiendo así la casa y la familia.

Los asistentes a los oficios de Jueves Santo, en el alzar trucaban con matracas y golpes en los bancos armando un buen estruendo. Este acto recibía el nombre de matar judíos. Al tiempo que se rezaba el Credo, se bandiaba la campana.

El día de Jueves Santo se respetaba el Monumento de tal manera que no salía ninguna caballería ni se oía ningún ruido por las calles. Esa tarde los hombres se reunían y se reúnen todavía para merendar huevos duros, por aquel entonces en varios grupos: por un lado los mozos, por otro los casados.

A partir de este momento las campanas guardaban silencio y se llamaba a los oficios con las matracas y carraclas: los críos recorrían el pueblo haciéndolas sonar al grito de: A misaaaa. El Viernes Santo, tal como sucede en la actualidad, se realizaba el Via Crucis por las calles del pueblo.

 

Carracla utilizada por los críos

Carracla utilizada por los críos para llamar a los oficios