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Navidad, Año Nuevo y Reyes Cuando se iba a buscar leña para el invierno, se reservaba una toza especialmente grande para estas fechas: ésta para toza de Navidad (José María Ibor). La toza de Navidad se encendía la víspera y debía permanecer ardiendo toda la semana, por lo menos hasta Año Nuevo. La Nochebuena era vigilia y se cenaba bacalao, empanadico de calabaza o espinacas con pasas y piñones, farinosos y turrón de guirlache. Por lo demás se hacía misa de gallo, de Navidad, de Año Nuevo y de Reyes en las que se adoraba al Niño y se cantaban villancicos, tal como sucede actualmente. En casa Giménez había antiguamente una posada. El día de Nochevieja se decía a los críos: En casa Giménez hay un hombre con tantas narices como días tiene el año. Y los críos iban corriendo a ver a aquel monstruo de trescientas sesenta y cinco narices, sin caer en la cuenta de que, realmente, ese año sólo tenía un día. El día de Año Nuevo los niños iban a casa de los padrinos y más allegados a pedir el cabo d´año. Algunos recuerdan fórmulas de solicitarlo y negarlo algo osadas: - Córtate un dedico y te pondremos un paño. La gente les obsequiaba sobre todo con castañas e higos, acaso como cosa de lujo alguna anguila de mazapán o barreta de turrón. Para Reyes también decían a los críos que debían salir a esperarlos con la faldeta mojada y una caña verde. Y algunos, en efecto, así lo hacían, mojándose la faldeta de la camisa y esperándolos inútilmente, caña en mano, a la entrada del pueblo. |