De Pascua a San Juan

Cerrado el ciclo de la Cuaresma, con la Pascua comienza un ciclo "primaveral" de celebraciones, que incluyen enramadas y rondas, pero también rogativas y ritos diversos destinados a garantizar una cosecha segura y abundante.

El Domingo de Pascua, una vez resucitado Nuestro Señor se procedía a sacar la Cuaresma de las casas. Durante la misa se bendecía agua que la gente llevaba luego a su casa para rociar los rincones; se guardaba una parte para, si algún recién nacido de la familia nacía muy enfermo, poder bautizarlo antes de que muriera. Después de la misa el sacerdote pasaba el domingo de Pascua por cada casa: Ave María Purísima, y bendecía el patio con el hisopo, echaba un responso y felices Pascuas (José María Ibor). Lo acompañaban dos escolanos y el resto de los críos del pueblo a quienes, en cada casa, les regalaban huevos. Hecha la colecta, el cura les daba a los chicos un par de huevos a cada uno, con lo que se hacían una merienda; el resto se entregaba al Amparo, a las Hermanitas de los Pobres.

La víspera de la Cruz de Mayo (fiesta de la Invención de la Santa Cruz, 3 de mayo) a las doce de la noche se cantaba, actualmente se reza, el rosario por las calles del pueblo. Al día siguiente, desde el tozal de la iglesia, se bendecía todo el monte, para librarlo de las malas tormentas.

El día de San José durante unos años en casa Maza traían un predicador para hacer misa.

Si no llovía lo suficiente, los vecinos de Albero Bajo, todos los que podían, iban en rogativa a Albero Alto. Salían a las ocho o las nueve de la mañana y el camino se hacía, por supuesto, a pie, entonando diversos cantos: se recuerda alguno de tipo letánico. Encabezaba la comitiva la cruz parroquial llevada por los escolanos, la seguía el cura, después las autoridades y a continuación el resto de los vecinos. Llegados a Albero Alto se hacía una misa y se adoraban las reliquias de varios santos que se conservan en dicha localidad, a las que se sacaba en procesión hasta la ermita de San Ginés. Luego los de Albero Alto invitaban a los del Bajo a vino y pastas.

Se esperaba nueve días y, si llovía, se volvía a Albero Alto a dar gracias mediante la misma ceremonia de misa con adoración de reliquias y procesión; si no llovía se repetía la ceremonia pero para solicitar nuevamente lluvia a la divinidad.

El día de San Gregorio (9 de mayo) se iba a la ermita de la Virgen de la Corona, en Piracés. Acudían y acuden allí siete pueblos: Albero Bajo, Callén, Piracés, Albero Alto, Alcalá y Novales (antiguamente también Argavieso). Según cuenta Pilar de Delfín esta peregrinación tenía originalmente como motivo solicitar la ayuda divina contra una peste que afectó al ganado de todos estos pueblos. La gente acudía allí caminando o en caballerías. La cruz parroquial avanzaba encabezando el cortejo. Se salía organizados en procesión hasta el lugar que se conoce como Santa María, en el camino hacia Piracés, donde antiguamente había una ermita, hace mucho tiempo desaparecida. Allí se disolvía la procesión y la comitiva avanzaba con cierto desorden, a pie o a caballo.

Los primeros en subir a la ermita eran los de Albero Bajo y, una vez arriba, recibían a los demás pueblos: la cruz parroquial de Albero se besaba con la de cada localidad restante conforme iban subiendo. Contaba siño Mariano de Botaya que la cruz de Albero subía la primera porque los de Albero fueron los primeros en subir a la Corona en el curso de una batalla.

Ermita de la Corona

Ermita de la Corona

En La Corona, tal como sigue sucediendo, se celebraba procesión y misa. Luego compraban refrescos y pasteles que llevaba el confitero de Sesa. En particular esponjaus, una especie de merengues secos que se traían a Albero Bajo, donde se volvía a comer, pues ésta era la Fiesta Pequeña del pueblo. Al llegar a Albero otra vez se formaba de nuevo la procesión; los que no habían ido a La Corona esperaban junto con la orquesta a la altura del pajar de casa Arnalda para entrar en el pueblo y en la iglesia todos juntos. El domingo era el primer día de la fiesta, que se prolongaba dos días más, con baile por la tarde y por la noche.

La noche anterior a la fiesta del Corpus los mozos de Albero enramaban las puertas de las mozas, aunque estuvieran ausentes del pueblo (por ejemplo por haberse marchado a servir a la ciudad). Los ramos consistían en ramas grandes de chopo, de unos cuatro o cinco metros de largo, que, a escondidas, cortaban en una chopera de Buñales y traían en un carro. Esa noche se disponían dos ramos, a modo de arco, enmarcando la puerta de cada moza. En otros pueblos cercanos se adornaban los ramos con cerezas, pero en Albero no.

Al día siguiente los mozos pasaban por casa de las mozas, quienes les obsequiaban con tortas, huevos, chorizos... con los que hacían una merienda. Luego, por la tarde, se hacía baile.

Se celebraba misa y procesión en la que se sacaba la custodia bajo palio. Las calles se adornaban con altares decorados con macetas, colchas, candelabros y, en general, todos aquellos objetos que pudieran tener una función decorativa. La procesión se detenía a rezar en cada uno de estos altares, que se instalaban en la puerta de Alcazo, en la de Gaspar, en la de casa Maza, en la de Botaya... Si ese año había niños que hiciesen la primera comunión, salían con el traje de dicha ceremonia provistos de unos cestillos con pétalos de flores que se arrojaban después de que la procesión rezase en cada altar.