La fiesta de la Virgen de la Rosa

Todos los gastos de esta fiesta corrían a cargo de los mozos, que por aquel entonces eran una buena cuadrilla: alrededor de treinta.

La condición de "mozo" se adquiría a la edad de quince o dieciséis años, se decía entonces: fulanito ya es mozo de gasto, lo que significaba que ya era considerado miembro de ese grupo y, por lo tanto, debía soportar su correspondiente parte, el llamado gasto, de esa fiesta y demás responsabilidades.

La fiesta la organizaban dos mayorales, que entendemos debieron ser vestigio de antiguos cargos presidenciales de una desaparecida cofradía de mozos. Terminada la fiesta se nombraban mayorales para la siguiente.

Se llevaba una orquesta, que aparte del baile, se encargaba de proporcionar música en los pasacalles previos a las sesiones vespertinas de baile y en la procesión.

A principios del siglo XX la orquesta venía de Sesa y se componía de guitarra, acordeón y violín. El baile se hacía por aquel entonces frente a casa Jacinto.

Esta fiesta se celebraba, al igual que hoy, el primer domingo de septiembre y duraba tres días: domingo, lunes y martes. La víspera llegaban los músicos, que por aquel entonces permanecían los tres días en el pueblo. El domingo se anunciaba la fiesta con bandeo (volteo) de campanas para llamar a misa.

En la procesión los mozos, trajeados y portando un ramo de albahaca cada uno, portaban la peana de la Virgen, que a su vez también se adornaba con ramos de esa misma hierba.

Los actos festivos consistían principalmente en el baile, que en los años cincuenta incluía una sesión de "baile- vermut" después de la misa. La sesión de la tarde comenzaba ya sobre las seis hasta las nueve y otra nocturna desde las diez hasta la una o las dos. Los mozos debían ir a buscar a las mozas para acompañarlas hasta el baile.

El domingo por la tarde se celebraba una corrida pedestre en la era de casa Jacinto. En los años cincuenta el premio era en metálico: tres premios de cien, cincuenta y veinticinco pesetas. Más antiguamente el premio consistía en un pollo que durante la carrera se exhibía colgado de lo alto de un palo o de una horca, por eso la llamaba carrera de pollos. Se recuerda a un corredor muy popular en los años cincuenta, natural de Grañén: se llamaba Valentín, apodado Correcorre.

Procesión con la Virgen

La procesión

Esa tarde se organizaban otros juegos, como el de plantar un tronco enjabonado con una bandereta sujeta a lo alto de la que había que intentar apoderarse o el tiro de barra, desde casa Gaspar a casa Claraco.

El último día de la fiesta, el miércoles, los mozos se hacían una merienda de pollos que les regalaban las mozas.