Todos los Santos

El día de Todos Santos se hacía misa y por la tarde se rezaban tres rosarios para los difuntos. A la misa de Todos los Santos se llevaba un banquillo, una especie de pequeño soporte para velas, que contenía una o dos velas por cada difunto reciente de la casa.

Al día siguiente, día de Difuntos, se hacía otra misa que las mujeres pagaban con grano. Se acercaban al sacerdote, quien rezaba un responso para los difuntos de la familia, entonces se echaba el grano en un capazo que luego se quedaba el cura. Cada una llevaba lo que podía, uno o dos almudes, por lo general. También se echaban judías.

Se recuerda en Albero una antigua tradición consistente en disponer por la noche, la víspera del día de difuntos, en rincones del pueblo especialmente tenebrosos, como el cementerio viejo, detrás de la iglesia, algunas "calaveras" consistentes en grandes calabazas a las que se vaciaba el interior y se perforaban unos agujeros simulando boca y ojos. En el interior se alojaba una vela encendida, lo que daba al objeto una aire especialmente siniestro.

Esta costumbre de las calabazas, que en Albero se recuerda más bien como una broma, en otros lugares de Aragón y de España se ha conservado con un papel algo más notable, incluso formando parte de las procesiones del rosario.